Colaboración poética del Prof. Alejandro Pastrana.
De repente los colores se tornan pesados los sucios charcos y yo, la misma cosa somos desde que, letras que te robé se marchitaron, siendo profundas como bolsillos de mis jeans. Las siluetas de las sombras de los edificios se soltaron por doquier, con afán te buscaron confundíante con las bugambilias moradas ya en delirio, lo hacían en bolsas de basura. Los parabrisas impolutos de los camiones secuestran mi vista prometiendo regresarte, pero no lo hacen porque ellos no te han albergado, pero qué va, sin tus ojos creo cualquier cosa. Tu tibies filtrada, en los ángulos cuadrilátero de la cama que era nuestra (y aún hoy día lo es) se manifiesta en lo caliente de los motores de los coches e interiores de los restaurantes. Verde luz del semáforo pido no me siembres memoria del verdor de su tupido cabello, que persisten con tenacidad y rebeldía las sensaciones de sus hebras entre mis dedos. Amarilla luz del semáforo, regresame, regresame ahora mismo el sol que pertenece a sus días de verano más cálido y limpio en particular ese, que compartió conmigo. Roja luz del semáforo, regresa sus golpes que soltaban rojo líquido de mi interior cuando mis ojos traicionaban fidelidad que juré, y sellé sobre los surcos de sus labios. circularmente, como circulares, cimbradas tus filosofías y psicologías eran en el alba las colaciones junto al café, el pan, y la mermelada oraciones de Dios Dios efímero e intelectual, esfumado está como las partículas finas de voluntad. Divinidad condenada a ya no despertar.